Es una gozada estar sentado al lado de Montse en uno de los bares del puerto de Essaouira saboreando un té verde a la menta bien azucarado y sin apenas decirnos nada, simplemente viendo pasar la vida (Essaouira es un bello pueblo marroquí de pescadores, de color azul, situado en la costa atlántica y prácticamente en el mimo meridiano que las islas canarias). Esto es, bajo mi punto de vista, lo que más se aproxima a un estado de felicidad...pero de repente patapum...la orquestina marroquí con los timbales moros y las cítaras metiendo un ruido del diablo (siempre hay la mosca cojonera que tiende a interrumpir estos maravillosos instantes).
De todas formas los tíos son pintorescos y mientras tocaban en los bares de enfrente les hice este par de acuarelas. Al menos aproveché la ocasión para usarlos de modelos, aunque fuera a costa de fastidiarnos la paz de aquel mágico momento.
La tercera imagen es la de una vendedora de pescado en el mismo puerto.